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Información sobre el hallazgo reciente del naufragio del Monte Cervantes en Tierra del Fuego.

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De: Carlos MAIDA
Para: Guillermo Ramón Gil
Asunto: 1ra. Nota

Fecha: Sábado, 26 de Junio de 1999 07:04 p.m. Primera nota aparecida en EL DIARIO de Tierra del Fuego
Autor Emilio URRUTI

El hallazgo de la parte superior del "Monte Cervantes" (1ra. nota)

Restos de un naufragio que pueden convertirse en una atracción más de Ushuaia, si sabemos conservarlos.

El pasado 6 de junio, en la segunda salida que se hacía para hallarlo, un grupo de buzos deportivos de la Asociación Fueguina de Actividades Subacuáticas y Náuticas (AFASyN) dieron con el pecio del buque de pasajeros alemán "Monte Cervantes". Los restos corresponden a la obra muerta de la nave, naufragada en 1930 y hundida posteriormente, en medio de las tareas que se realizaban para reflotarla, en 1954. El equipo de buzos aseguró no guardar expectativas de lucro sobre el lugar del hallazgo, sino solamente el objetivo firme de que los restos sean conservados como patrimonio cultural de los fueguinos y se conviertan en un "parque submarino" para visita de buzos locales y foráneos. El director del Museo del Fin del Mundo advirtió sobre la necesidad de "generar un instrumento legal" para preservar el lugar y ofreció algunos antecedentes. Corría el verano de 1930. ¿Cuántos serían entonces los habitantes estables de Ushuaia? ¿Un millar? Acaso ni siquiera tantos... Y, de repente, la población se multiplicó. Las casas de madera y chapa casi no alcanzaban para albergar tanta gente.
Hoy, sólo unos pocos -muy pocos-, recuerdan el episodio de primera mano. Algunos más, aunque no muchos, llevan en la memoria los relatos familiares de lo ocurrido, los detalles de aquel accidente náutico, vivido de cerca por sus mayores. Pero unos y otros resultan minoría ante los muchísimos que, directamente, ignoran la historia que se esconde, desde hace varias décadas y apoyada sobre el fondo rocoso del canal Beagle a varios metros de profundidad, en la estructura herrumbrosa del buque de pasajeros "Monte Cervantes". El primer domingo de este junio que promedia, un numeroso grupo de buzos deportivos de la Asociación Fueguina de Actividades Subacuáticas y Náuticas (AFASyN) se largó a la segunda salida de un plan que tenía como objetivo hallar los restos de la parte superior del buque naufragado hace casi 70 años.
El equipo expedicionario estaba integrado por Alejandro De La Rosa, Carlos Giuggia, Alejandro Mora, Marcelo Giorgetti, Angel Marchisio, Claudio Ulibarri, Pablo Lois, Luis Ludueña, Martín Ludueña, Julio Romero y Carlos
Maida. Iban repartidos a bordo de tres embarcaciones: el bote semirrígido "Burbuja Traviesa", la lancha "Ushuaia Divers" y el semirrígido "Luci". Por razones familiares Armando D'Aiello no pudo participar de los hechos de ese día, como tampoco pudo estar Carlos Pérez, capitán de la "Saladina" (embarcación de apoyo), porque se encontraba en Puerto Williams (isla Navarino, Chile) desarrollando actividades deportivas en representación de la AFASyN. Ambos "ausentes con aviso" colaboraron intensamente con la investigación.
Bien equipados, en especial en materia de documentación histórica, los buzos deportivos habían armado un trabajo que tal vez llevaría su tiempo, pero que valdría la satisfacción. Lejos de ser esquiva, ésta apareció antes de lo que los más optimistas preveían. La inmersión fue realizada en forma planificada: se destacaron parejas de buzos cada 500 metros, hasta cubrir un área de 2500 m, aproximadamente. La máxima profundidad que alcanzaron fue de 36 metros, con un "tiempo máximo de fondo" de 12 minutos, lo que no implicó paradas de descompresión.
La zona donde pusieron su mira -los islotes Les Eclaireurs- era la misma donde, durante once años entre 1943 y 1954, había estado operando la empresa Salvamar en el desguace del "Monte Cervantes". Esa firma, propiedad de un tal Simoncini, había decidido cortar la "obra muerta" de la nave, separándola del casco, de modo de lograr una mejor "maniobrabilidad" de las partes y conseguir su reflotamiento. Pero fue justamente durante esta etapa cuando las secciones se sumergieron para siempre.
El barco, al momento de hundirse, apenas había cumplido su sexto año de vida. Había sido botado en 1924 y, pese a algunos averías menores que sufriera desde entonces, se trataba de una unidad valiosa.

Patrimonio Cultural de los fueguinos

"La idea que nosotros perseguimos es que esto sea patrimonio cultural de todos los habitantes de la Tierra del Fuego. Queremos impedir bajo todo punto de vista que se produzca un saqueo, algo muy habitual en los barcos hundidos porque todo el mundo quiere llevarse un recuerdo", señaló Carlos Maida, de la subcomisión de buceo de AFASyN. También aseguró que la posibilidad de conservarlo permitiría convertirlo en un atractivo turístico más, sobre todo para los buzos deportivos que visiten Tierra del Fuego.
Cada "pecio" (así se le llama a las naves naufragadas o sus fragmentos) ofrece al visitante subacuático una historia nueva y única. No es posible comparar éste del "Monte Cervantes" con otros buques hundidos del mundo, algunos de los cuales son explotados turísticamente. "No perseguimos ningún interés de tipo comercial", confirmó sin embargo Maida en nombre de sus compañeros, y dejó claro que no tienen intenciones de "operar el lugar" como si fuesen una empresa dedicada a llevar gente a visitar sitios subacuáticos. "AFASyN surgió para desarrollar las actividades del buceo en la provincia; logramos homogeneizar el grupo que habitualmente sale a bucear, que mantiene un calendario asiduo de inmersiones. Este, y no otro, es nuestro objetivo como club", remarcó.

"En el fondo del mar no se puede gritar de alegría"

La emoción que experimenta un buzo bajo el agua ante el hallazgo de un pecio podría medirse por "un importante consumo de aire", como declaró el buzo deportivo Alejandro De La Rosa quien, junto a Marcelo Giorgetti, integraba la pareja de buceo que primero dio con los restos. Al principio sólo vieron unas estructuras cilíndricas, de un metro y medio de diámetro. Luego descubrieron la cubierta y otros objetos sobre ella. "Fue una experiencia extraordinaria", señaló De La Rosa; su compañero agregó que "si bien estábamos buscándolo y esperábamos encontrarlo, a la vez sospechábamos que, como a menudo nos sucede, fuese también aquél el lugar equivocado". "En el fondo no se puede gritar de alegría", remarcó Giorgetti, recordando sus sensaciones. "Pero sí, definitivamente, nos faltó aire".

(Continuará)

Emilio Urruty, Oscar Zanola, del Museo del Fin del Mundo

 

Aunque eso solo no basta, habrá que generar un instrumento legal. Tanto las autoridades del Museo del Fin del Mundo como los integrantes del grupo de buceo deportivo de AFASyN acordaron la necesidad de no retirar piezas del sitio descubierto e insistieron en que todo debe permanecer en su lugar. "El Museo", dijo Oscar Zanola, su director, "ya cuenta con pertenencias que muestran lo que fue el paquebote de bandera alemana 'Monte Cervantes' y no es necesario acumular más cantidad de objetos". "Sí, en cambio, se trata de generar algún instrumento legal para crear en ese sitio un parque subacuático y zona de reserva, para que otros puedan disfrutarlo también", razonó Zanola.
El director del Museo del Fin del Mundo citó algunos antecedentes, como el hallazgo de "aparentemente" estos mismos restos hace unos quince años por parte del buzo Héctor Monsalve, y el silencio que "con muy buen criterio" ha mantenido la Armada Argentina desde la década del '50.
También sostuvo, sin embargo, que ese silencio ha generado aun más misterio e interés, "desde el interés mercantil puro y simple de comercializar algunos objetos", hasta el de aprovechar las imágenes en productos visuales o gráficos.
La referencia que hizo Zanola era clara: dos cadenas de TV alemanas y una empresa de esa nacionalidad están trabajando en la producción de una película sobre el "Monte Cervantes", que obviamente generará ganancias. Los de AFASyN, aun conscientes de que poco pueden hacer para regular los "réditos" que extranjeros pudieren sacar del buque náufrago, indicaron su intención de que algún beneficio quedase en Tierra del Fuego, en Ushuaia e incluso en su club.

 

¿Dónde está el "Monte Cervantes"?

Un hogar para la vida submarina El pecio del "Monte Cervantes" se encuentra a una profundidad "de 30 ó 40
metros", según indica vagamente uno de los miembros de AFASyN. Mientras éste brinda el dato, otro niega sobre las espaldas de los periodistas. "No digas nada", parece estar sugiriéndole.
Es que todas las preguntas que apunten a obtener mayores precisiones sobre la ubicación de los restos chocarán con las miradas esquivas de los buzos.
Y la precaución está justificada: nadie quiere botes navegando la zona, con motores rugiendo, y mucho menos buceadores furtivos, cazadores de souvenirs, jugando a los exploradores del "Titanic".
"El lugar es especial porque existe vida marina, peces que no huyen a la vista de los buzos, algo difícil de encontrar en otras partes del canal Beagle", dice Carlos Maida. Esa fauna subacuática ha encontrado su hogar en el "Monte Cervantes", lo que añade un importante atractivo a este pecio, y
sobre todo una razón más para procurar su conservación.

EPIGRAFES


Marcelo Giorgetti
Angel Marchisio
Martín Ludueña
Claudio Ulibarri
Luis Ludueña
Alejandro Mora
Alejandro de la Rosa
Carlos Giugia
Armando D'Aiello
Carlos Maida
Pablo Lois
Julio Romero

Emilio Urruty,
Alem 4327, 9410 Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina.
Tel/fax 00542901444135

ernieush@satlink.com


De: Carlos MAIDA
Para: Guillermo Ramón Gil

Asunto: 2DA. NOTA
Fecha: Sábado, 26 de Junio de 1999 07:04 p.m. Segunda nota aparecida en EL DIARIO de Tierra del Fuego
Autor Emilio URRUTI

El hallazgo de la parte superior del "Monte Cervantes" (2da. nota)

Algunos datos adicionales sobre el paquebote que se resistió a abandonar el canal Beagle.

Decíamos ayer que el pecio del buque "Monte Cervantes", hallado el pasado domingo 6 de junio por un grupo de buzos deportivos de la AFASyN, podría con el tiempo convertirse en una atracción más para los fueguinos y por supuesto también para quienes visitan estas tierras en plan de turismo. Encontrados ya en la segunda salida de buceo que se realizaba con ese fin (la primera había sido el domingo anterior), los restos del buque naufragado han estado generando una gran expectativa, proporcional al silencio que se guardó desde su hundimiento definitivo en 1954. Los buzos de la Asociación Fueguina de Actividades Subacuáticas y Náuticas insistieron en su deseo de que el "Monte Cervantes" -o lo que queda de él-
sea tratado como patrimonio cultural de los fueguinos, y en consecuencia conservado, sobre todo, de saqueos u otros aprovechamientos económicos que no beneficien directamente a la provincia. El hallazgo se produjo apenas pasado el mediodía. Giorgetti-De La Rosa era la pareja de buceo que tomó contacto con los restos del "Monte Cervantes" a eso de las 13. Luego, a partir de ese momento indescriptible, durante dos horas estuvieron bajando todos los demás, de a dos parejas, para echar el obligado vistazo. ¡Cómo perdérselo!
A la profundidad en que trabajaron, el tiempo les resultaba limitado: no más de 15 minutos. A eso había que sumarle la emoción y la concentración para lograr buenas imágenes fotográficas y de video, tomas subacuáticas que exigen siempre más atención por las condiciones de visibilidad en el fondo, tan distintas de las disponibles en la superficie.

¿Casualidad o fruto de la investigación?

"Fue una casualidad", dicen, con humildad, los buzos deportivos de la Asociación Fueguina de Actividades Subacuáticas y Náuticas cuando se les pregunta cómo lograron encontrar los restos ya en su segunda salida de buceo. Pero hay también quienes aseguran que las casualidades no existen y que, en todo caso, se trata de haber hecho bien el trabajo previo. Efectivamente, el equipo venía llevando adelante una investigación
concienzuda, con muy buenos asesoramientos. Por supuesto, toda la bibliografía disponible había sido revisada, incluido el reciente libro de Enrique Inda "El tesoro del Monte Cervantes" (en que la historia del
naufragio aparece relatada en forma de novela). Por otra parte, personas claves fueron visitadas varias veces, como Oscar Zanola, director del Museo del Fin del Mundo, que fue y es una fuente de consulta permanente para el grupo de buzos. Alicia Grandi de Padín Moreira ha sido otra colaboradora
importante...
En fin, fueron muchos los datos que, como piezas de un rompecabezas, se conjugaron para un solo propósito: rescatar del olvido un pecio atractivo, tan cercano a la ciudad más austral del mundo y muy apropiado para la práctica del buceo deportivo.

¿Por qué en esta época?

Para el no iniciado resulta llamativo que se haya organizado las salidas de buceo destinadas a hallar el "Monte Cervantes" en esta época y no, por ejemplo, en primavera o verano. ¿Es acaso a fines del otoño cuando conviene bucear? No necesariamente, según explicaron los miembros del equipo de AFASyN.
Aunque sí puede asegurarse que la etapa estival es poco recomendable, al parecer debido a la mayor cantidad de microorganismos en suspensión que hay en el canal Beagle, es decir, una "cortina" de plancton que en alguna medida enturbia sus aguas, impidiendo -o, al menos, dificultando- la visión del fondo.
El verano no fue, sin embargo, obstáculo para naufragar: el "Monte Cervantes" eligió el 22 de enero de 1930 para encallar y, en definitiva, no fue tan malo como si hubiese ocurrido en una estación más fría. Muchos de
sus 1.500 pasajeros y tripulantes hubieron de pasar varias horas en botes, empapados por las heladas aguas del Beagle y soportando el viento, antes de llegar a Ushuaia. Definitivamente, todo hubiese salido peor en invierno.

Emilio Urruty

EPIGRAFES


(PONER LAS FOTITOS PEQUEñAS EN BLANCO Y NEGRO)

(Crédito: Subcomisión de
buceo AFASYN - gentileza)
Esta serie de fotos fueron tomadas en las dos épocas en que el "Monte Cervantes" ocupó la atención de todos en Ushuaia.

Estas que aquí se reproducen -facilitadas a el diario por los buzos de AFASyN- provienen del
libro de Enrique Inda, "El tesoro del Monte Cervantes", de donde el grupo deportivo extrajeron mucha información para su trabajo de rastreo del pecio.

Las fotografías pertenecen, según el libro, al Museo del Fin del Mundo, a José González, Alicia Grandi de Padín Moreira, Foto Santamaría, Capitán Kurt Lerch, Humberto Zappa, Guillermo Kohlrausch y Luisa Simoncini, hija del dueño de la empresa que intentó sin éxito reflotar el buque.

FOTOS EN COLORES

(CREDITO PABLO LOIS - GENTILEZA)


El velero "Saladina" y la lancha "Ushuaia Divers", ambas embarcaciones de apoyo del grupo de buzos deportivos de AFASyN, durante la primera salida, a fines de mayo.

Gustavo Giorgetti señala un sitio sobre la carta náutica H-447, que corresponde a la zona que exploraron los buzos.

El grupo de buzos deportivos de AFASyN, en un momento de camaradería -yalimentación- al término de su primera expedición. Van a bordo de la "Saladina", de Carlos Pérez, embarcación que no pudo estar presente el día del hallazgo.

Un detalle de la carta H-447 indica la zona donde se encuentran los restos del "Monte Cervantes".

Dos veces se quiso quedar. Encalló en 1930, se hundió en 1954.

Hacia el año 1947, 17 años después de que el paquebote de bandera alemana"Monte Cervantes" encallara en los islotes Les Eclaireurs, la empresaSalvamar comenzó una tarea de corte entre la superestructura del buque (la"obra muerta") y el casco (la "obra viva"), para su posterior separación y remolque.


A fin de dar una idea de sus dimensiones y del trabajo que suponía tal reflotamiento, valga mencionar que el "Monte Cervantes" tenía seis pisos, sin contar las bodegas; que medía 150 metros de eslora y casi 20 de manga; y que desplazaba 13.750 toneladas. Son curiosas las fotografías que muestran el obrador que fue edificado sobre el casco del buque durante los trabajos.


En la bahía Lapataia puede verse todavía alguno de los grandes flotadores que la firma Salvamar, de Leopoldo Simoncini, utilizó para mantener las partes en la superficie. Inundados con agua, esos tanques eran sumergidos hasta el emplazamiento deseado, por debajo o a los lados del buque, y luego se los llenaba con aire, para elevar las estructuras completas.
El lento procedimiento se prolongó hasta la primavera de 1954. Fue entonces cuando se produjo el desafortunado remolque que terminaría de hundirlo.

El remolcador "Saint Christopher" -el mismo que hoy permanece varado frente al centro de Ushuaia- fue protagonista del acontecimiento, junto con otros buques remolcadores que eran de la Armada.


Según se sabe, el paso de tanto tiempo había permitido que el lecho deroca, sobre el cual el "Monte Cervantes" estaba apoyado, se le "uniera" en uno de sus mamparos. "El barco había quedado aferrado a la roca", explicaron los buzos de AFASyN, utilizando un término más que apropiado para señalar la naturaleza de aquel abrazo submarino de herrumbre y calcio. Al parecer, cuando los cuatro remolcadores le dieron potencia máxima a sus motores, los cables de remolque se tensaron hasta tal punto que, bajo el
agua, la parte del buque náufrago pegada al fondo terminó por desprenderse. No obstante, la navegación continuó, con proa al este, para dar la vuelta y volver a Ushuaia (ver carta en estas mismas páginas).
Pero fue entonces cuando la mole decidió no seguir y comenzó a hundirse, esta vez para siempre. A menos de mil metros al sudeste del faro Les Eclaireurs se encuentra hundido el casco del "Monte Cervantes", a una profundidad superior a los 100 metros. Pero, como ya se dijo, no fue ésta la parte hallada por los buzos deportivos, sino su superestructura, que exhibe seguramente muchos más detalles atractivos, representativos de lo que fuera en vida el famoso paquebote que decidió quedarse para nunca más
volver a navegar.

Emilio Urruty,
Alem 4327, 9410 Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina.
Tel/fax 00542901444135

ernieush@satlink.com


De: Carlos MAIDA
Para: Guillermo Ramón Gil
Asunto: 3RA. NOTA

Fecha: Sábado, 26 de Junio de 1999 07:04 p.m. Tercera nota aparecida en EL DIARIO de Tierra del Fuego
Autor Emilio URRUTI


Con Héctor Monsalve, a propósito del hallazgo del "Monte Cervantes"

Un llamado de atención sobre el impacto que pueden causar los "cazadores de souvenirs"

Héctor Monsalve es buzo profesional. Hace 22 años encontró los restos del "Monte Cervantes", el mismo pecio que hace pocos días un grupo de buzos deportivos de la Asociación Fueguina de Actividades Subacuáticas y Náuticas (AFASyN) volvió a descubrir. Entre aquel hallazgo, de 1977, y éste, del pasado domingo 6 de junio, existe una diferencia sustancial: Monsalve mantuvo un casi absoluto silencio al respecto, mientras que los de AFASyN decidieron hacer público el descubrimiento, conscientes de que se trata de una parte del patrimonio histórico cultural de la Tierra del Fuego que pertenece a todos, aunque se reservaron para sí el sitio exacto. Una buena dosis de prudencia aparece en ambos casos, pero tal prudencia no ha tenido ni el mismo origen ni -ciertamente- provocará iguales consecuencias. Alertando sobre esto y sobre la expectativa que ha generado en el ambiente del "buceo de barcos hundidos", Monsalve dialogó con el diario del Fin del Mundo, en una charla en que relató su proyecto de filmar las maniobras de
remoción de algunos objetos del "Monte Cervantes" que, según aseguró, "si quedan en el fondo, seguramente se perderán". Supongamos que solo, allá abajo, en el fondo del canal Beagle, un buzo encuentra un jarro con las marcas reconocibles de la Hamburg-Südamerikanische Dampfschiffarts Gessellschaft, la Compañía Hamburgo-Sudamericana. Sabe que la pieza perteneció alguna vez a la vajilla
del paquebote "Monte Cervantes", encallado hace 70 años y posteriormente hundido cerca de Ushuaia.
El explorador subacuático está allí, con el jarro en su mano -forrada de neoprene negro-, y trata de imaginar que es un distinguido pasajero de los años '30, tomando un chocolate. Dentro del pecho, su corazón late algo más rápido, y de su nariz salen más burbujas que de costumbre. Está excitado por el hallazgo. ¿Qué hará nuestro buzo? Se le presentan varias posibilidades, como por ejemplo, dejar el vaso donde lo encontró, culpándose acaso -en un noble ataque de preservacionismo- por haber incluso osado tocarlo. Puede también ser algo menos heroico y dudar, tratando en su razonamiento de minimizar el daño que haría si se lo llevase. ¡Qué ganas de subirlo!
¡Qué lindo tenerlo en casa...! En todo caso, luego podría donarlo a un museo, como para tranquilizar la conciencia. Pero puede ocurrir que el buzo del cuento haya bajado a bucear para, deliberadamente y sin escrúpulo alguno, levantar todos los objetos posibles, con los cuales armar una colección privada para sí o para otro que pague bien. "Total...", podría pensar, "si no me los cargo yo, otro lo hará". Los pecios (barcos hundidos) saqueados abundan en el mundo, en buena parte porque está en la naturaleza humana esto de apropiarse "de lo que está tirado" y otro poco porque la legislación sobre preservación del Patrimonio
Histórico no es tan vieja, y la específica sobre Patrimonio Cultural Subacuático (PCS) es aun más reciente. Hasta el bote más humilde, roto y abandonado en una playa, es susceptible de sufrir el desguace paulatino de todas sus partes metálicas y, en general, de todo aquello que muestre "ese no se qué" de antiguo. Y es que, a falta de cofres con doblones de oro, buena es -aunque sea- una argolla oxidada, para llevarse y exhibir en un estante de casa. Estas tres actitudes, reales todas (aunque de la primera pocos ejemplos
puedan encontrarse), muestran la mayor dificultad que enfrenta la aplicación de la legislación vigente en Tierra del Fuego referente a Patrimonio Cultural Subacuático, dificultad que puede sintetizarse en una
falta de conciencia de lo que tal concepto significa.

Muchas preguntas

Lamentablemente, donde debería haber certezas, todavía flotan demasiadas preguntas. Por ejemplo: es de todos, sí, pero ¿quién pude manipularlo? ¿Debe dejarse donde está o, por el contrario, es necesario rescatarlo, con participación de expertos en la materia, para su estudio, conservación y exhibición? ¿Para qué sirve "rescatar" un objeto si no ha de dársele el tratamiento adecuado, bajo y sobre el agua? Si debe quedar en el fondo, ¿cuántos podrán verlo, estando a 50 ó 100 metros de profundidad? Ciertamente no quienes carezcan de las habilitaciones mínimas para el buceo profundo... Entonces, ¿un pecio como el "Monte Cervantes" atraerá sólo a buzos experimentados, que sepan bajar por su cuenta y puedan llegar a resultar una amenaza para la integridad de este pedazo de historia fueguina? O peor que eso: ¿vendrán en masa buzos de poca experiencia que, atraídos por la posibilidad de un "trofeo", pongan en juego su propia vida? ¿Cómo mantener a raya a tales visitantes? Por otra parte, ¿de quién depende controlar la seguridad en el lugar? Y, en todo caso, aunque estuviese claro qué organismo tiene jurisdicción allí, ¿podría aplicarse semejante control sobre personas y bienes?
Tierra del Fuego es una de las muy pocas provincias que se destaca por contar con legislación al respecto, con el decreto 1087/77, que contempla los restos u objetos arqueológicos hallados en superficies acuosas, y el reciente decreto 858/98 que, basado en el espíritu de la ley provincial 370, declara patrimonio histórico a todos los restos de naufragios que se encuentran en el subsuelo o bajo aguas territoriales de la provincia. El decreto también señala la necesidad de "realizar un relevamiento y localización de naufragios ocurridos dentro de la provincia, que será incorporado al inventario del patrimonio histórico cultural". Como se ve, el decreto está, pero ¿es posible aplicarlo? ¿Cómo hacerlo?

Habla Héctor Monsalve

"Yo estaba en Puerto Madryn cuando saltó esta noticia hace pocos días", dice Héctor Monsalve, buzo profesional y capitán-propietario de la lancha de turismo "Tres Marías", inconfundible motonave azul que opera desde Ushuaia. Ha dedicado casi toda la pasada década a documentar en video y fotos la vida submarina del canal Beagle, y su banco de imágenes específicas de esta zona es quizá el más importante del mundo.
Monsalve tiene en su haber, desde hace 22 años, el hallazgo de los restos del siniestrado paquebote "Monte Cervantes", pecio que ha tomado nueva relevancia en estos días, tras haber sido encontrado el pasado domingo 6 de junio por buzos deportivos de la Asociación Fueguina de Actividades Subacuáticas y Náuticas.
Según Monsalve, "la novedad provocó allá un revuelo bárbaro: ¡Quería venirse medio Madryn a bucear el Cervantes!" El buzo, quien declaró haberlo descubierto en marzo de 1977, ha mantenido desde aquella época una reserva bastante estricta respecto del sitio, y sólo confió el descubrimiento a ciertas personas de su confianza. "Me cuidé bien de difundirlo, no porque esto fuera de mi propiedad, sino porque quería hacer un trabajo documental y en ese momento realizar fotografías o películas submarinas era complicadísimo. Yo no lo podía hacer", recuerda.
Las autoridades del Museo del Fin del Mundo -institución a la cual fueron donados algunos objetos entonces extraídos del fondo- sabían del hallazgo, así como el investigador Enrique Inda y algunos pocos amigos íntimos de Monsalve.
"Al principio, iba bastante al lugar, casi todos los fines de semana. Pero después dejé de ir por temor a que alguien me siguiera". Si alguien más conocía la ubicación, eso habría significado el fin del secreto, y quizá, muy probablemente, la ruina del pecio. Es verdad que entonces había menos buzos, pero también había menos conciencia que hoy acerca del potencial impacto sobre el patrimonio subacuático que supone extraer como souvenir una pieza cualquiera.
De haber sucedido, la del "Monte Cervantes" no habría sido una historia diferente de lo que le ocurrió a muchos otros barcos hundidos. "Como pasó con el Río de Oro, en Madryn", recuerda Monsalve. "¡No quedó una sola parte que no haya sido serruchada o arrancada! Hasta los pedazos de madera se han llevado, ¡y algunas son cosas que han de haber demandado un trabajo impresionante!"

No hay tesoros allá abajo

"El valor de los restos del Monte Cervantes es puramente histórico", dice el experimentado buzo, refiriéndose a que no hay otra clase de "tesoros" que esas piezas, que pertenecieron a la vida cotidiana de a bordo del paquebote. Sin embargo, la expectativa generada ha magnificado la imaginación de muchos a tal punto que ya implica un serio riesgo. Según Monsalve, no se trata de un buceo apto para cualquiera, "y puede pasar que un buzo no experto se entusiasme recorriendo el lugar, y se vaya más profundo de lo
conveniente". Y aclaró que "con esto no estoy diciendo que los buzos de AFASyN no lo puedan hacer".
Acaso la diferencia que prefiere señalar con respecto a la actitud adoptada por AFASyN tiene que ver con una cuestión de prudencia. "Lo mío fue un poco más prudente y quizá hasta un poquito especulativo", admite, "porque la idea que tenía era la de explotarlo haciendo un documental en imágenes, mediante un convenio con la Gobernación para realizar la remoción de las cosas y filmar el proceso". Monsalve garantiza que, en principio, tal proyecto no deja a nadie afuera. "Lo que me interesa realmente es que esas cosas se preserven, pero no dejándolas ahí, porque eso significa que se van a perder".

Prudencia y buenas intenciones

Respecto de los productores alemanes de televisión interesadas en registrar en imágenes los restos del "Monte Cervantes", Héctor Monsalve asegura haber dialogado con uno de ellos, aunque sólo fueron charlas preliminares y todavía no hay planes concretos. "Quizá -y ojalá- podamos organizar una movida que beneficie a varios", augura Monsalve. "Mi propuesta es que el lugar sea declarado intangible hasta tanto se decida qué se va a hacer. Pero es importante tener mucho cuidado en el ínterin", resalta: "No hay que mostrar el sitio, ni hacer aspaviento, porque eso puede dar lugar a que otra gente venga sin las buenas intenciones que seguramente tiene la gente de AFASyN, o las que yo tuve hace 22 años".

Emilio Urruty

 

Lex dura lex

De qué se trata el expediente 3.342/99

El mismo año en que Héctor Monsalve dio con los restos del "Monte Cervantes", apareció en Tierra del Fuego el decreto 1087/77, referido a los restos u objetos arqueológicos hallados en superficies acuosas.
El mucho más nuevo decreto 858/98, nacido en mayo del 1998 y basado en el espíritu de la ley provincial 370, declara "patrimonio histórico a todos los restos de naufragios que se encuentran en el subsuelo o bajo aguas territoriales de la provincia". Al poco tiempo de que haber entrado en vigencia el decreto 858 del año
pasado, Héctor Monsalve se dirigió a Oscar Zanola, que es director del Museo del Fin del Mundo y ha sido uno de sus confidentes en el asunto del hallazgo de los restos en 1977.
Monsalve se entrevistó luego con el gobernador José Estabillo, a quien puso en conocimiento de un borrador del convenio que Zanola y él mismo habían redactado, así como del expediente iniciado ante el gobierno provincial (es el Nro. 3.342/99) y de la exposición ante la Prefectura en que se solicitaba el derecho de preferencia (*) a favor de Monsalve.
Ese proyecto propone la remoción de los objetos del buque -"que sin duda son patrimonio de la provincia", aclara el buzo-, pidiendo a cambio los derechos para registrar en exclusiva (en fotografías, cine o video) las
maniobras de remoción y rescate de los restos. El documental serviría además para obtener patrocinantes que financiasen las obras de rescate.
Si bien Héctor Monsalve espera que el trabajo pueda hacerse y asegura estar en condiciones de comandarlo como buzo profesional experimentado en fotografía y filmación submarina, insiste en que el emprendimiento demandará muchas otras manos expertas, lo cual abre el juego a los fueguinos que sepan y quieran participar. (*) La ley 20094 de Navegación indica en su artículo 390 que "el derecho de reflotamiento, extracción, remoción o demolición corresponde a quien, habiendo localizado el buque, artefacto naval, aeronave o restos náufragos, lo solicite en primer término".

Emilio Urruty,
Alem 4327, 9410 Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina.
Tel/fax 00542901444135

ernieush@satlink.com


Las fotos a las que se hace referencia en los artículos anteriores serán publicadas próximamente, cuando reciba el material.


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